Ava Gadner en la finca «Rancho El Rocío», un mito del cine enamorada de los caballos y del campo andaluz


Fue a final de la década de los cincuenta cuando Ava Gadner conoció más de cerca a la familia Peralta y su ganadería de caballos. El Premio Nobel, Ernest Heminway, le recomendó que en uno de sus viajes al Sur de España, visitara la finca «Rancho El Rocío», en la Puebla del Río (Sevilla).
Ava Gadner, la Condesa descalza, estrella de Hollywood, se enamoró de Andalucía, del mundo del caballo y el toro. Fue una aceptable amazona e incluso llegó a rejonear para un proyecto de la película «Centauro de las Marismas».
Aunque ya publicamos anteriormente algunas fotos de la que fue icono de la belleza en el séptimo arte, incluimos dos imágenes. Arriba, con sombrero de ala ancha, conversando con un jovencísimo Rafael Peralta. Y más abajo, montando en un caballo de los hermanos Peralta en compañía de D. Ángel.

Cuadernos de Tauromaquia prepara para septiembre un amplio reportaje sobre los caballos de Peralta.

La revista Cuadernos de Tauromaquia para su próximo número un interesante reportaje sobre los caballos de Peralta. El prestigioso fotógrafo Carlos Núñez, autor del libro «Por Derecho» (http://62.93.180.211/porderecho/home.html), ha sabido plasmar magistralmente el caballo de esta ganadería en diversos ámbitos, tanto en su hábitat natural (las marismas del Guadalquivir) como en sus espectaculares movimientos en libertad y su selección para la doma y el rejoneo. Las imágenes de Carlos Núñez irán acompañadas de los textos del periodista y profesor de la Universidad de Sevilla, Juan Carlos Gil.
Web de la Revista Cuadernos de Tauromaquia http://www.cuadernostm.com/

Fotografía histórica. Ángel Peralta y el caballo Lirón, Plaza de las Arenas de Barcelona.

El caballo, Lirón, de Peralta y de Pura Raza Española, con los cuatro remos suspendidos en el aire, cual Pegaso que saliera volando de la plaza de toros. El jinete, en perfecta armonía y sincronización con el caballo, recogiendo la ovación, con las manos en alto.

La imagen fue tomada en la Plaza de las Arenas de Barcelona por dos fotógrafos que hace más de medio siglo supieron el instante inmortalizar casi de manera idéntica. En una de ellas, se puede apreciar a un arenero que mira asombrado la estampa del Centauro.
Hombre y caballo elevándose hacia el cielo, dueños del mundo en el mismo centro del ruedo.